Con unos peques. Soy el segundo por la izquierda.
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lunes, 3 de marzo de 2008

Experimentos con niños

Estaba yo en que para el sistema educativo los niños son sujetos de experimentación y se me ocurre poner en google "experimentos con niños", así tal cual con comillas y todo, y cuál es mi sorpresa que me encuentro, entre los miles de entradas, que los peques de África (y parece que unos cuantos más de Asia y América Latina) son utilizados como parte de los experimentos de las empresas farmacéuticas. Hasta ahí nada nuevo, pero lo que me sorprende es que experimenten ciertos fármacos que se suponen para adultos, caso de la viagra, lo que no puede ser entendido más que un despropósito, algo que nos tendría que hacer que pensar que sentido tiene el ser peque en ciertas partes del mundo y adulto en otras. Claro que para el sistema escolar y, por supuesto, a las farmacéuticas no son acaso sino espacios (sujetos sociales en lugares concretos) de la experimentación social.
El problema es que aquí se esta experimentando en función de principios topográficos: que nadie que se mueva de su sitio, la reproducción del sistema socio-político, no porque sea el mejor que la gente puede soñar, ni porque sea el que más favorezca a unos pocos, que también, sino ante todo porque es la mejor manera de hacer que los peques se conviertan en sujetos sociales y que, consecuentemente, experimenten el lugar que de manera artificiosa les propone en un único lugar. El dispositivo experimental es constante sobre los peques y ocurre a todos los niveles, de la familia a las miradas del gobierno, y propone que todo lo que les rodea es de alguna manera algo natural y que, por lo tanto, puede parecer lógico que se actúe de manera altamente experimental, ya que ellos son el objeto social de lo que hubiera gustado ser a los adultos cuando eran niños y que lesvalida para el todo vale. En última instancia de lo que hablamos es de que el futuro de los peques es una construcción del presente de los adultos en función de intereses y vivencias del pasado; una vez más un despropósito que tiene que ver con tiempos adultos para ajustar el espacio que tienen que ocupar los peques. La derivación de esto es a veces de lo más curioso y es que permite la construcción de un discurso muy concreto, a la vez que muy moderno, de porque los peques naciendo todos igual de "naturales" unos son príncipes y otros mendigos, más allá de la cuna concreta en la que se duerme, y sólo "pueden" salir de ahí (se supone, porque nadie sale) cuando lleguen al mundo adulto. Una injusticia más que, repito, es un producto de los dispositivos experimentales.

martes, 19 de febrero de 2008

Matemática difusa como excusa

Esta chica de la imágen es Michelle Malkin, una famosa blogger que se dedica a escribir una serie de artículos de lo más incisivos y de acuerdo con la retórica de la nueva derecha. El caso es que se ha convertido en una defensora de las causas que le preocupan a un sector de la población que no se siente demasiado a gusto con el mundo globalizado, entre otras cosas porque sienten que eso es lo que les ha tirado sus Torres Gemelas o les obliga a dar cancha a los que puedan utilizar el pensamiento como método de vida. Bueno, a lo que vamos, Michelle ha escrito un artículo sobre, más bien, contra, la matemática difusa que resulta de lo más gracioso. En realidad no pasa nada, es una preocupación de unos norteamericanos de clase media, que se cree acomodada (por que se comparan con lo peor del tercer mundo), y que tras destruir, entre otros, su sistema educativo básico se han dado cuenta que sus jóvenes no aprenden a sumar en la escuela y claro le echan la culpa a la llamada matemática difusa.
Pero lo que me preocupa de verdad es que un medio como Libertad Digital haya traducido el trabajito de opinión de Michelle Malkin sobre la matemática difusa y lo plantee como la política del gobierno de Zapatero. La verdad es que a mi no me sorprende, pues se de la enfermedad mental que acompaña al medio en cuestión, lo que me llama la atención es que se crean que los peques, sus niño-sujeto, son tan tontos como para no saber que es o no lo importante. En efecto, aquí de lo que se trata es creer que la izquierda quiere intoxicar a cualquier precio a los niños y no porque crean que estos son hojas en blanco sino porque creen que alguien los quiere raptar y convertir en unos zombis del Estado. De lo que no se dan cuenta es que al Estado no le preocupan los niños, sino establecer con ellos un discurso que es disciplinador a un nivel social. Pero claro una vez más la (extrema) derecha demuestra su enorme capacidad de intoxicar al conjunto social con sus ideas, que nacen directamente de su particular armario anti-intelectual, donde habitan una serie de fantasmas de lo más repugnante y que cada vez que sacan a pasear nos meten en un mundo violento y extremo. Al final los peques son una excusa de su particular cruzada contra el cambio y, sobre todo, de los intelectuales.