Con unos peques. Soy el segundo por la izquierda.

martes, 19 de febrero de 2008

Matemática difusa como excusa

Esta chica de la imágen es Michelle Malkin, una famosa blogger que se dedica a escribir una serie de artículos de lo más incisivos y de acuerdo con la retórica de la nueva derecha. El caso es que se ha convertido en una defensora de las causas que le preocupan a un sector de la población que no se siente demasiado a gusto con el mundo globalizado, entre otras cosas porque sienten que eso es lo que les ha tirado sus Torres Gemelas o les obliga a dar cancha a los que puedan utilizar el pensamiento como método de vida. Bueno, a lo que vamos, Michelle ha escrito un artículo sobre, más bien, contra, la matemática difusa que resulta de lo más gracioso. En realidad no pasa nada, es una preocupación de unos norteamericanos de clase media, que se cree acomodada (por que se comparan con lo peor del tercer mundo), y que tras destruir, entre otros, su sistema educativo básico se han dado cuenta que sus jóvenes no aprenden a sumar en la escuela y claro le echan la culpa a la llamada matemática difusa.
Pero lo que me preocupa de verdad es que un medio como Libertad Digital haya traducido el trabajito de opinión de Michelle Malkin sobre la matemática difusa y lo plantee como la política del gobierno de Zapatero. La verdad es que a mi no me sorprende, pues se de la enfermedad mental que acompaña al medio en cuestión, lo que me llama la atención es que se crean que los peques, sus niño-sujeto, son tan tontos como para no saber que es o no lo importante. En efecto, aquí de lo que se trata es creer que la izquierda quiere intoxicar a cualquier precio a los niños y no porque crean que estos son hojas en blanco sino porque creen que alguien los quiere raptar y convertir en unos zombis del Estado. De lo que no se dan cuenta es que al Estado no le preocupan los niños, sino establecer con ellos un discurso que es disciplinador a un nivel social. Pero claro una vez más la (extrema) derecha demuestra su enorme capacidad de intoxicar al conjunto social con sus ideas, que nacen directamente de su particular armario anti-intelectual, donde habitan una serie de fantasmas de lo más repugnante y que cada vez que sacan a pasear nos meten en un mundo violento y extremo. Al final los peques son una excusa de su particular cruzada contra el cambio y, sobre todo, de los intelectuales.