Con unos peques. Soy el segundo por la izquierda.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Frases de niños o chistes de adultos

En el programa que hace Pablo Motos, El Hormiguero, el ingenio y la creatividad parecen ser su razón de ser, es evidente que trata ciertos tópicos con lo que se sirve para hacer, las más de las veces, unos chistes fáciles que sin embargo, dado el bochorno de la TV en abierto por la noche, parece que es lo único que se deja ver. El caso es que tiene una sección donde se las arregla para dictar una serie de "frases de niños", y que también se pueden seguir en la página web y a la sazón en un libro del que han vendido lo más grande. La mayoría de las frases son chistes un tanto surrealistas o, en su defecto, de un enorme carácter hiperrealista que hacen gracia tanto por que están descontextualizados cuanto más porque el discurso del sujeto-niño les precede y, consecuentemente, nos parecen graciosos porque aseguramos que el niño habla sin saberlo todo y porque los adultos si lo saben todo, de la paradoja nace la carcajada.

Pero es obvio que el mecanismo del chiste es una suerte de elementos culturales muy complejos, que se simplifican en la idea de que la realidad es reducible a un única simplificación prototípica, y de esta disyuntiva nace la llamada gracia. Cuanto más paradoja, más disyuntiva y más distancia entre la complejidad y su consiguiente simplificación más gracia producirá el chiste. El chiste se aprovecha, además, de algunos otros tropos, la sorpresa, la reiteración, el retruécano, la elipsis y el eufemismo, aunque no desdeña el resto de los recursos literarios clásicos. Por último, el chiste es siempre una construcción cultural muy precisa que se aprovecha de esta tanto como para ser, a su vez, un conformador y concentrados cultural. Pero en el discurso del sujeto-niño todo esto no se adelanta a lo que ellos dicen, sino que se les convierte en ello a posteriori, al aplicarles ese discurso cultural que les propone en un lugar muy preciso y que está en relación con una constante subordinación graciosa y, a veces, simpática de los peques a los discursos de los mayores-adultos.

Claro que todo este discurso que se ejerce sobre el sujeto-niño es siempre reversible: y todas estas frases que en un contexto reestructurado nos parecen tan graciosas, chistosas y nos hacen sospechar que son ingeniosos y únicos (en última instancia no es por casualidad que sean "nuestros hijos") en otro pueden ser la prueba de que están inválidos culturalmente y, consecuentemente, que necesitan ser vigilados de cerca y sobre-estimularlos con procesos socializadores y educativo-reformadores. Dicho de otra manera estas frases que nos propone Pablo Montes pueden ser muy graciosas puestas en su libro, programa de TV o en su web pero en un contexto cotidiano, el de esas familia de clase media tecnificada que ve el programa con sus hijos a la espera del "vete a la dormir", pueden ser el detonante de todo aquello que les hacen que tengan que callarse porque no saben lo que dicen, porque van de graciosos o, simplemente,  porque lo que dicen es una estupidez.