
Los niños soldados sufren sobre su piel un doble discurso, por un lado el de su propias vidas, que como resulta obvio es demoledora, no sólo porque sean niños, sino por lo qué hacen, el por qué y el cómo. Por otro lado, tienen que sufrir el discurso que se hace desde occidente, donde los niños soldados son todo lo que suponemos que es todo lo contrario de los sujeto-niño, una suerte de no-niño: trabajan en algo que es propio de un adulto, utilizan armamento, no tienen una familia de referencia, no están escolarizados, viven en un alto grado de violencia y están expuestos a morir en una edad que no parece corresponderles. Pero quitando el chiste fácil de que podría ser la descripción de un adolescente occidental pegado a su vídeo consola lo que planteamos es que el discurso es demasiado facilón como elemento pedagógico y ejemplificar, en última instancia es un tema que tiene que ver con lo que creemos que es la infancia y no tanto que haya una infancia que viva en tal o cual condición. Pero por otro lado si tenemos que entrar en los discursos comparactivos tendríamos que entender que los niños en determinadas condiciones pueden ser miles de cosas, muchas de ellas seguramente despreciables, pero también otras muchas que nos creemos que son exclusivas del mundo adulto.
Por último si alguien siente curiosidad por el tema y necesita saber más sobre los niños soldados, recomiendo, entre lo mucho que hay en la red, La coalición para acabar con la utilización de niños y niñas soldados y por último evitar el tema en youtube y ser cuidadoso y crítico con las constantes noticias que dan los medios casi a diario.