Con unos peques. Soy el segundo por la izquierda.

viernes, 29 de febrero de 2008

Las promesas a los peques

En efecto, ¿cuál sería el mensaje a los peques si ellos pudieran votar? En realidad no lo sabemos, pues ellos no votan en ninguna de las democracias que conocemos. Pero allí donde se han realizado algunos experimentos al respecto, como por ejemplo en el Estado de Puebla, México, los mensajes han sido de tipo seudo-adulto: más educación, sanidad, derechos fundamentales... Lo que sin duda está bien, en la medida que incorpora a los sujetos-niño a una seria de preocupaciones sociales de carácter general. Pero esto es sólo un experimento y sigue mirando a los peques como niños. Seguramente, para una buena parte de los políticos si los peques  votaran las promesas serían también del orden de la adulación, regalar más video-consolas, por ejemplo, y las campañas se parecerían bastante a la estructura narrativa y visual de los teletuvis. Pero no sabemos y todo esto es pura especulación. Una cosa es obvia, forzaría a los políticos, a tomar decisiones en una dirección u otro: o seguir tratando a los peques como una coartada de su visión maniquea e incluidos en el discurso del control y la disciplina social o, por el contrario, a romper con esos discursos y crear un individuo nuevo, sin elementos de sujeto discursivo.
Pero antes de esto hay que plantear otras cosas, como es la cuestión de que el que vota también puede ser parte de los elegidos, ¿se convertía, así, el hemiciclo de los diputados en una escuela de manera integral?, ¿estarían los peques preparados para entender los retorcidos planteamientos en que se mueven las propuestas legislativas de los políticos?... Pero aquí no planteo la cuestión en la medida de que se trate de verdad o no (y que tiene que ver con las construcciones políticas al uso e interés), sino de ponernos en una situación de frontera donde la realidad parece más extrema, diversa y forzada, consiguientemente, un lugar propicio para la deconstrucción, más interesante y evocador.