En cierta medida tenemos que pensar el más allá de la democracia, por eso como primera FRONTERA nos tendríamos que plantear por qué no votan los niños o, en su caso, por qué no rebajamos la mayoría de edad para ejercer el voto hasta los 9 años (ya que el sistema de lecto-escritura esta plenamente adquirido) o a los 11 (si es que ponemos el acento en el planteamiento de un sistema de comprensión y socialización)...
El tema no es sencillo y no tiene una sola posibilidad. De hecho, podemos conseguir mucha profundidad en el tema, por lo menos en un primer momento, si lo hacemos partiendo de las teorías feministas y los estudios de género, que han avanzado mucho en el planteamiento de cómo pensar la discriminación, la invisibilidad y las formas en que el poder unidireccional trabaja.