Con unos peques. Soy el segundo por la izquierda.

martes, 1 de abril de 2008

Aprender a bailar

Es obvio que de alguna manera antes de plantear cualquier otro elemento con relación a los peques tenemos que entender que se está poniendo en juego. No es cuestión de que los peques sean una simple (por compleja) metáfora, que es seguro que es así, sino que también de aquellas cosas que estamos dispuestos a pensar, a poner en el cesto de las discusiones (¿de que mimbres estará hecho?) y hasta que punto las cosas están así o asa. Por eso he decidido tomar un camino más complejo, el de mirar hasta que punto estamos hablando de poder y hegemonía y si estos son de alguna manera que hasta ahora no habíamos pensado o, por el contrario, son de lo más común. Me propongo, pues, pensar de alguna manera la hegemonía y, subsidiariamente, el poder. Pero esta vez teniendo en cuenta que ni el poder me es ajeno, ni puedo dejar de tener presente que de alguna manera pertenezco algún sistema planteado en muchos momentos como hegemónico.
Antón Fernández de Rota propone la siguiente idea en su artículo Carta abierta a la revista Resquicios que yo he tenido el atrevimiento de apropiármela: "Crear un movimiento, aún entre los-que-están, no es algo sencillo. No se hace a base de mera voluntad y comunicados. Para ello es necesaria la paciencia, el mito, el símbolo, crear esperanza e ilusión sobre el proyecto". No es que pretenda crear un movimiento como tal, pero sí pensar en el sentido que él le da, es decir plantear de que tenemos que pensarnos más allá de que lo hagas para los ya convencidos; siguiendo este trabajo de Antón se trata de crear la plataforma desde donde "aprender a bailar ligeros una danza colectiva donde los cuerpos se toquen y lascivamente se manoseen. Aprender de los recovecos, producir márgenes, bailar los cuerpos y bailar las mentes [...]". Por eso yo me voy a dar un respiro y ponerme a bailar con la más fea, porque a algunos bailar es algo que nos apasiona.