Es evidente que lo ocurrido con Mari Luz Cortés, esta peque de Huelva, primero desaparecida y luego asesinada por un pederasta y subnormal, dicho sin ningún tipo de carga médica y con toda la rabia que el caso me provoca (al contrario de lo que han hecho algunos medios que lo han medicalizado a sabiendas de que ya se había propasado con su propia hija y que habían urdido una trama para taparlo), me da mucho que pensar. Aunque algunos han intentado un linchamiento público lo primero es que nos pensemos, en profundidad y dando por hecho que estamos ante un tema muy complejo, que todo esto requiere de una decisión (política y, ante todo, social) valiente con respecto a este tipo de personajes. No se cuál es la solución, pero si se demuestra que la policía tiene registros de este tipo de seres sin que se hallan tomado las medidas adecuadas estaremos ante un acto que terminará por involucrarnos, haciéndonos responsables, a todos; en la medida que nos creemos que estamos protegidos cuando no lo estamos y que pensamos en un sistema de acción-reacción (sólo actuamos cuando algo ocurre, mientras nuestra preocupación cotidiana es la evasión vía "prensa" rosa). Así, pues, toca pensar y esperar que la justicia funcione como debe, sin dar ni una oportunidad al ser (obviamente que la defensa lo tratara de medicalizar, mecanismo cientifista que termina por justificar y perdonar todo de todo). En cualquier caso la lección la ha dado y la sigue dando el padre de Mari Luz, que a través del sentido común nos da mucho que pensar en una sociedad, cuando menos, un poco mejor...
Transcribo el Editorial (lo cuelgan en la red sólo el día concreto y no tienen archivo) del Diario Jaén del día 27 de Marzo, porque es un primer paso desde el mundo adulto para tomarse estas cosas en serio (aunque, claro, es el miedo de los adultos a sus propios fantasmas y atajando las cosas a su manera), por cierto, del mismo tono es el de otros medios, si pongo este es porque me es más cercano:
- Editorial. Una investigación policial que aclara la muerte de Mari Luz. La detención de tres personas en relación con la muerte de la pequeña Mari Luz Cortés supone un alivio para la familia de la menor y también para tranquilizar a una opinión pública que vivió este caso con preocupación por las especiales circunstancias del mismo. El principal sospechoso ya fue condenado a dos años y nueve meses de cárcel por un delito de abuso sexual continuado a su hija. Unos antecedentes en los que se centró la investigación, en un primer momento, al ser vecino del barrio de Huelva donde residía la familia de Mari Luz. Al final, el cerco se acaba estrechando y su mujer y una hermana del detenido también son investigadas como encubridoras o cooperantes en los hechos. Comienza la batalla judicial de una familia que en los peores momentos supo mantener la calma y ahora dedicará sus esfuerzos para que el presunto responsable de los hechos no quede impune. Sorprende, al hilo de los primeros datos públicos de la investigación, que este sujeto con los antecedentes delictivos que tenía se hubiera apuntado al colegio donde estudiaba la niña para recibir clases. En este sentido, y con delitos de carácter sexual como este se replantea cíclicamente la mejor forma para tener controlados a unos sujetos que una vez en libertad vuelven a reincidir. Una situación que contribuye a formar cierta frustración social al comprobarse que los implicados salen a la calle mientras las familias de las víctimas quedan deshechas. Parece evidente en este y en otros casos que el seguimiento a estos individuos no se hace con las garantías suficientes que requiere la sociedad. Juristas y expertos deberían encontrar un punto de partida para que se establezcan los canales comunes necesarios para que una vez cumplan la condena, con los requisitos médicos necesarios, haya el control legal o sanitario que permita hacerles un seguimiento más eficaz que el actual.